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La deuda de la educación sexual: Bullying LGBT

Como un arcoíris en la noche reluce el prendedor que tiene asentado en la solapa de su vestón azul, justo encima de la insignia del Liceo Manuel Barros Borgoño. Se ríe mientras cuenta que una profesora confundió los seis colores del broche con la bandera de los pueblos originarios. “Yo le dije: ‘es la bandera del movimiento homosexual’; no importa —Alberto Cid (18) sonríe y se encoje—, está aprendiendo”.

Habla con carisma aunque en sus hombros acarrea tres años de burlas y acoso al interior del colegio Parroquial de San Miguel. Ahora, saboreando una Coca-Cola en un café de Latarria, recuerda que una vez, en su actual colegio, un profesor de religión lo hostigó tanto que tuvo que escupirle en la cara que hay cosas que no se eligen en la vida. Como ser LGBT. Ser lesbiana, gay, bisexual o transexual, dice, no se elige, y ser presa fácil de bullying por eso, tampoco.
El acoso en cifras

Solo en 2013 la Superintendencia de Educación recibió 1909 denuncias por maltrato, 323 de ellas relacionadas a la discriminación. Un 37% de las denuncias recogidas tienen que ver con maltrato escolar. La última encuesta realizada por el Mineduc sobre agresión y acoso escolar —que se aplicó a 400 alumnos de cuarto básico y segundo medio junto con el Simce 2012—, indica que 8.059 estudiantes han sido víctimas de bullying, y que el 21% de ellos lo vive todos los días.

Del total, según el Informe Anual de Derechos Humanos de la Diversidad Sexual, el 10% de estudiantes declara ser hostigado en razón de su orientación sexual. Y aunque el porcentaje de denuncia parece ínfimo, el bullying homofóbico es uno de los que está más presentes.

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Solo por investigaciones internacionales sabemos que quienes más padecen de violencia y acoso durante la etapa escolar son los adolescentes LGBT. Según el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra los Niños (2006), la mayoría de los reportes de bullying son por sexo o género, y se dirigen a personas cuyas normas sexuales y de género son percibidas como diferentes de las vigentes: niñas que no son femeninas, niños que no son masculinos.

Chile no cuenta con estudios que comprueben con precisión la existencia de bullying homofóbico, pero algunas investigaciones realizadas en el país nos encaminan en esa dirección. Unicef Chile, en su estudio de discriminación del año 2011, indicó que los mayores prejuicios de los niños/as y adolescentes son hacia homosexuales, y que 35,3% de ellos reconoce haberle dicho “maricón”, “gay” o “camiona” a algún compañero para molestarlo. La Corporación Opción, en tanto, reafirmó esos datos al exponer que los comentarios negativos se dirigen en su mayoría a gays y lesbianas.

Las voces de la discriminación

Alberto se arrastra el nudo de la corbata hasta la garganta para que siga en su lugar y se toma el resto de la bebida; pide un pastel, pero no hay. Resopla a medias por eso, y porque tuvo que huir de la discriminación cambiándose de colegio. Como él, otros sufren, llegando a vivir enclaustrados en un mundo que no los acepta, rodeados de jóvenes de su misma edad que, en lugar de ser sus compañeros, se vuelven armas que flagelan la dignidad. “La burla era el pan de cada día: maricón, fleto, y algo tan pequeño, algo tan ínfimo, pero que si tú lo multiplicas por todos los días de la semana, y todos los meses del año, y los años por tres años, es un hueveo cojonudo el que tienes que aguantar”, se lamenta Alberto, con un suspiro de nostalgia que, a ratos, se vuelve furia.

¿Dónde nace el impulso de discriminar? “Punto uno, tiene que ver con los medios de comunicación masivos: televisión, YouTube. Ahí está la discriminación básica. Segundo, por observación de la conducta de otros. El cabro pesado del curso, que molesta a todos, que el feo, que el gordo, y molesta a uno: el ‘maricón’, entonces el otro lo ve, y para que no lo molesten a él, lo sigue. Entonces, por aprendizaje visual”, señala Rodrigo Mendoza, psicólogo de la UDP. Pero la hilera de malas influencias sigue: “También por la familia. Están almorzando, el niño está comiendo ahí callado, y el papá con el tío riéndose y diciendo, si nosotros siempre supimos que era maricón, y como al niño no lo han sentado y no le han explicado que existen en este universo un grupo de personas —del mismo sexo— que se gustan entre sí, entonces al niño le queda ahí la palabra ‘maricón’. Y está el tema religioso, que te indica que la homosexualidad es un pecado. Entonces ahí también hay algo”. Y por qué no, también sugiere, está la cuota de ignorancia.

El arma cargada

Chile cuenta con la segunda tasa más alta de suicidio a nivel mundial, y gracias a un estudio realizado en E.E.U.U. por el Centro Nacional de Prevención de Enfermedades Crónicas y Promoción de la Salud, se sabe que un niño/a o adolescente LGBT tiene cuatro veces más probabilidades de suicidio que su par heterosexual. “En la medida en que uno se va a alienando las posibilidades de suicidio aumentan, porque en la adolescencia los pares son fundamentales, los padres pasan a un segundo o tercer plano. Los pares son los que importan, la opinión de ellos es la que importa; si ellos te discriminan, te insultan, te tapan en bromas, entonces el chico se va alienando; en la familia tampoco encuentra contención, porque tampoco les va a decir, ‘oye, me pasa esto, oye, parece que soy gay’, a los 13 años, 14, 15… El suicidio se vuelve una súper buena solución, porque desapareces del mundo, y está toda esta idea de la muerte relacionada con un futuro mejor”, advierte Mendoza.

La idea existe, la posibilidad existe, y Alberto no lo discute: “el suicidio se piensa, y es difícil porque no sabes en quién apoyarte, no sabes quién va a ser tu hombro derecho, el que te va a decir, ‘oye, oye, vamos, sigamos, levántate’. ¿Por qué no me ha pasado a mí? Porque tengo el privilegio de tener una muy buena amiga, pero hay chicos o chicas que confían en su mejor amigo, el amigo es homofóbico y lo primero que hace es contarle a la mamá, y ahí ya se te viene el mundo encima”.

A pesar de la evidencia, en programas como Plan Escuela Segura (2011) y No + bullying (2013) la orientación sexual no se menciona como factor predominante a la hora de sufrir acoso y hostigamiento en el colegio. Tampoco se reconoce la necesidad de crear planes preventivos orientados hacia la aceptación y el respeto por la diversidad sexual. En ese sentido, organizaciones como el Movilh (Movimiento de Integración y Liberación Homosexual) se han encargado desde su área educativa a repartir material a los establecimientos educacionales, tal como el manual de convivencia escolar “Educando en la diversidad: Orientación e identidad de género en las aulas”. E incluso los mismos estudiantes han armado colectivos dentro de sus colegios, como es el caso de “Las putas babilónicas”, en el Liceo José Victorino Lastarria, y “Lemebel”, en el Liceo Manuel Barros Borgoño, dispuestos a prevenir y detener el acoso siendo impulsores de los derechos humanos LGBT.

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Ya se sabe: no existen políticas públicas claras. Y se podría haber rescatado que el Ministerio de Educación elaboró un libro —en octubre del año pasado—, que aborda la realidad de todos los sectores discriminados, incluyendo a quienes lo son por su condición sexual, e hizo un llamado a los colegios a adecuar sus reglamentos internos y currículum a la ley Zamudio. Pero resulta infructuoso si se analiza de la siguiente forma: La Ley sobre Violencia Escolar estipula que todos los colegios deben tener un Comité de Buena Convivencia que regule, precisamente, los aspectos que señala el libro del Mineduc, sin embargo, es un organismo que no se fiscaliza, y la mayoría de los apoderados y alumnos ni siquiera saben de su existencia. En otras palabras, hay reglas, pero nadie está vigilando que se cumplan. “Los jóvenes nunca fueron amonestados, a lo más hablaron con sus apoderados y pare de contar. Porque no importa, porque no nos damos cuenta el daño que estamos haciendo. La administración del colegio nunca hizo nada. Nada, me pidieron disculpas prácticamente…”, protesta Alberto.

Visibilizando un nuevo mundo

Según los expertos, existen dos fuentes de aprendizaje indiscutibles en la vida de un niño/a: El colegio y la familia. Actualmente Chile cuenta con siete programas de Educación Sexual, y solo en tres de ellos se toca el tema de la diversidad sexual como algo positivo y no como un tema valórico en torno a la religión. Jaime Parada, activista de derechos LGBT, ex vocero del Movilh, subraya el escaso material que ofrecen los colegios a sus alumnos, y es categórico al decir que los colegios “no orientan. Se lo dejan a los cursos para que resuelvan sus necesidades, las necesidades del colegio, pero no hay una atención, especialmente en los colegios subvencionados, en los colegios públicos, no hay una atención adecuada respecto a esto. ¿Qué es lo que tienen que hacer los colegios? Orientar, y para orientar hay que buscar información, y para buscar información hay que leer informes de la Asociación Americana de Psicología (APA), de psiquiatría, de pediatría, que son los que demuestran que la orientación sexual es un hecho de la causa, un hecho de la vida”.

Por otro lado, el trabajo sesgado a la familia, no es más que un trabajo arduo, primero, de tolerancia. “En el fondo la familia que no quiere cambiar va a seguir siendo siempre igual. Lo que tenemos que hacer los activistas, las organizaciones, es entregar y machacar información al respecto, y, sobre todo, visibilizar. Visibilizar es mostrar el mundo que viene, convencer a la familia y convencer a la sociedad de que ese mundo estático y estancado en el que ellos creen que viven es un mundo mucho más dinámico y la historia les va a pasar por encima”, concreta Jaime.

Alberto ya va en cuarto medio, es vocero del Centro de Alumnos del Liceo Manuel Barros Borgoño y sus ojos brillan cuando lo dice. Carraspea, y se sonroja un poco al atestiguar que los malos ratos que pasó se convirtieron en su motivación, su causa. “Es una anécdota, es un hecho que yo le puedo contar a las personas que están pasando por lo mismo, y decirles, ‘si yo pude, ¿por qué tú no? O hazlo de esta manera porque yo lo hice así y no funcionó; decirle: ‘yo te apoyo, vamos a hablar, vamos a buscar la forma de hallar algún resquicio legal y dar la pelea; y vamos que se puede’. No son los tiempos de hace 20 años cuando nadie nos pescaba. 2014: tenemos mucho que decir”.